Personería jurídica Nro. 36114 (Prov. Bs. As.)
sábado, 2 de marzo de 2013
Proyección documental en Biblioteca Nacional: La sombra del jaguar.
Martes 5 de marzo de 2013. 18hs. Biblioteca NacionalAgüero 2502. Buenos Aires.
Proyección de: La sombra del jaguar
Mesa debate con Enrique Acuña, Alejandro Benítez y Morita Carrasco.
Del psicoanálisis y del arte.
“Contrario
a lo que suele creerse, el psicoanálisis no tiene nada que decir del artista.
Lo que dice Freud es que el artista es el que sabe jugar con las fantasías del
otro.”
Germán
García
Conferencia
en Posadas, junio 2007
Escucha
de la grabación de una entrevista a Eugenia
Calvo, artista
rosarina. Conversación con los asistentes.
Viernes 8 de marzo a las 19:30 hs.
Av. Perón 1112, San Fernando.
Para una mejor
organización, por favor confirmar asistencia a
vero_ortiz_mackinson@hotmail.com
jueves, 28 de febrero de 2013
Recuerdo de enseñanza.
Pablo Rosas.
Me parece por demás
oportuno evocar un relato de lo sucedido
por el año 2007 en la Biblioteca J. N
.Madero de San Fernando. En uno de esos viernes en el que el grupo de lectura
(I.O.M.) puntualizaba "La dirección
de la cura y los principios de su poder", de J. Lacan, Juan, miembro del
grupo por aquel entonces, nos hizo un comentario acerca de una conversación un
tanto particular con un sujeto, la cual a grandes rasgos recuerdo de este modo:
Un buen señor al que podríamos definir
como un leído, un preparado, un "diletante" para ser más
preciso, le planteaba a Juan uno por uno los clisé en contra del psicoanálisis, orientado por un
criterio utilitarista del mismo (unos años después esto se plasmaría desde otro
país en un notable "libro negro").
Si bien Juan trató por todos los
medios de contestar con argumentos a cada
una de sus preguntas capciosas, llegado
un momento y ya presa del hartazgo, nuestro amigo concluyó la conversación con
esta frase: "Yo hago con el psicoanálisis". (¡Brillante frase!,
agrego).
Esta oportuna respuesta va en relación a otra pronunciada en una
conferencia un tiempo después en la misma biblioteca. Germán García planteó a
los miembros del I.O.M. en particular y
a los oyentes en general una pregunta
muy concreta: ¿Para qué sirve el psicoanálisis? La cual contestó,
no sin antes leer y oír respuestas diversas, de este
escueto modo: " Para orientar sobre el deseo".
Me permito aunar estas dos
formulaciones de la siguiente manera:
Hacer con el psicoanálisis, es decir, orientar sobre el deseo del
sujeto, lo cual es por otra parte, la utilidad del mismo y además, su ética. Un
acto en sesión en contraposición a culturalismos educacionales y conductuales,
que alimentan el relato potencial del neurótico (y en el caso de este sujeto su
diletancia), tan alejado de un acto verdadero.
He tenido la fortuna de estar
presente en muchos encuentros en que
estas enseñanzas surgían y de estar completamente seguro que este 2013 dentro de las actividades de la Asociación de
Psicoanálisis San Fernando, nos
ofrecerán muchas más.
domingo, 3 de febrero de 2013
Aún los ilimitados tienen un límite.
Verónica Ortíz
Una conocida empresa de comunicaciones nos
hace una interesante propuesta desde sus afiches publicitarios: ser
“ilimitados”. ¡Nada más y nada menos! Corrijo, “nada más” no, porque lo
sin-límite se fuga en una deriva al infinito de tal modo que no se podría
pensar en “nada más” ya que es necesario un “hasta acá” para pensar en “más
allá de acá”. “Nada menos” es lo que nos promete la publicidad; allí radica el
truco: que no exista el menos, que no exista la falta.
La falta es algo muy mal visto en estos días,
tiene mala prensa. La oferta es colmarla con el consumo de objetos tecnológicos
ilimitados. Estos “gadgets”, como los llamó hace ya muchos años Lacan, dan la
ilusión de no tener límites: cada vez más rápidos, más portátiles, con más
funciones… han de hecho desdibujado en gran medida el tiempo y el espacio como
los conocíamos. Podemos hoy conversar con alguien en Japón, sostener una
teleconferencia o capacitación a distancia, filmar, reproducir, proyectar,
almacenar y enviar imágenes y grabaciones de modo casi instantáneo o recibir un
fax que por milagro tecnológico da la sensación de acercar la materialidad de
lo escrito desde lugares recónditos.
Hasta ahí todo muy bien. El problema comienza
cuando empezamos a creer que esto nos vuelve mágicamente ilimitados. Entonces,
tener el celular de última generación se convierte en una necesidad vital para
obturar la incompletud, la falta.
Algunos de sus nombres: enfermedad,
desencuentros, vejez, pobreza, pérdidas, soledad, incapacidad, fracasos, impotencia, deterioro del cuerpo, transitoriedad,
muerte. Destino inexorable de lo humano, la incompletud nos habita. Toca a
nuestra puerta antes o después pero toca, nos toca, siempre. ¿Nos ayudará en
ese momento la feliz promesa del sin-límites de la posmodernidad? ¿Aquella que
nos vuelve consumidores caprichosos y exigentes, ávidos de más y más?
La casi inmediata obsolescencia de los objetos
tecnológicos complica el panorama del
consumidor a la vez que promete mayores ganancias en el mercado: el día
que por fin adquirimos nuestro preciado
chiche nuevo, ese mismo día –¡Ley de Murphy!- es lanzado en algún lugar del mundo otro más
novedoso, con mayor alcance y funciones más sofisticadas y por supuesto más
caro, dejándonos un gusto amargo en la boca porque nuestro objeto, justo cuando
creíamos que lo habíamos atrapado, se volvió a desplazar y el feliz e ilimitado
dueño… es otro.
Consumidores exigentes y caprichosos, a veces,
muy parecidos a niños. Es un aspecto que explotan muy bien los afiches “ilimitados”.
Por ejemplo, una mujer, crecidita ya, sacando la lengua. La imagen comunica: sé
una niña caprichosa, y supuestamente muy libre (en todo lo que no sea consumir,
ya que debes consumir este producto) y, debajo, la leyenda ILIMITADA.
En un blog diseñado como complemento a las
cátedras de publicidad de las universidades se nos explica: “Cada una de las
piezas, incluidas en TV, gráfica y radio, destaca los beneficios para cada tipo
de clientes bajo el mismo concepto: Todos juntos, Todo el tiempo, en Todos
lados de manera ilimitada”. Sí, el Todo está tres veces, y con mayúsculas. La
separación en tiempo, lugar y del otro es anulada. Los sujetos son reducidos a
“tipos” de consumidores diferentes pero la diferencia se acaba ahí ya que son
distintos tipos bajo un mismo concepto: el Todo. Podemos preguntarnos ¿Qué
lugar para cada uno?
Freud nos advertía: “Si quieres soportar la
vida, prepárate para la muerte[1]”.
Parece una sugerencia algo lúgubre. Muy por el contrario: se trata de una
invitación a dejar de ser niños, aquel “niño generalizado”[2]
como decía Lacan y como recrea Enrique Acuña: “niños inocentes que ignoran su
implicación en las acciones cotidianas[3]”.
Frente a la eterna niñez del consumidor
compulsivo, una propuesta: atreverse a saber, el sapere aude kantiano. Porque el método de obturar la falta con
objetos del mercado no suele acabar bien. De la manía consumista a la depresión
generalizada hay sólo un paso. Por más que nos pasemos la vida entera negando
la falta, ésta siempre encuentra el modo de colarse en ella. Aún los ilimitados
tienen un límite, por mucho que se dediquen a no saber nada de eso.
[1] Freud, Sigmund Nuestra actitud
ante la muerte (1915) Obras
completas Amorrortu Volumen 14
[2] Lacan, J. Otros escritos
(2012) Paidós.
[3] Acuña, Enrique Lo que el diablo
enseña. Revista El puente N2. A.C.I.D. Corrientes-Chaco
miércoles, 2 de enero de 2013
Reseña: "¿Qué hacemos cuando hacemos psicoanálisis?"
Lic. Verónica Rios
El 23de noviembre en la Biblioteca Madero
de la ciudad de San Fernando, en el marco de las Clases del curso anual del
IOM, Germán García presentó la conferencia titulada ¿Qué hacemos cuando hacemos Psicoanálisis?
Los puntos abordados, constituyeron una orientación
de trabajo. Al comienzo un problema epistémico, acerca del concepto de
determinación difundida en los medios de
comunicación con referencia a la psicología y la diferencia del psicoanálisis.
Destaca las ideas claves con las
cuales se abre un debate conceptual y
una clara posición del psicoanálisis de despejar el sesgo religioso que subyace
en las ideas de determinación. Esa idea religiosa diría “que cada uno de
nosotros sería el efecto pasivo de un ambiente”. El psicoanálisis, a diferencia
de esta idea de corte sociológico, parafraseando a Germán, “Es otra cosa”, y a contrapelo propone la respuesta del sujeto,
que no se explica por las condiciones ambientales.
Su recorrido aborda la historia del Psicoanálisis, su
diferenciación con otros campos como la psiquiatría y la psicología. En su
libro La entrada del psicoanálisis en la Argentina menciona
el ejemplo de Ángel Garma, quien se
forma en una relación donde el ejercicio
del psicoanálisis es subsidiario de la medicina, en concordancia con el
estatuto de la Sociedad
de Psicoanálisis de Nueva York.
Estas cuestiones, y su diferencia con lo
que nos orienta dentro del Campo Freudiano en la actualidad, permiten abordar
las condiciones en que se puede pensar la formación, enseñanza, autorización y
práctica del psicoanálisis. Y puntualiza cómo la institución es la clave del
operador de esta posibilidad a condición de saber: qué queremos, qué hacemos,
cómo lo hacemos y verificar los resultados.
Por último establece la diferencia entre psicoanálisis
y psicología, y las pseudos diferencias
para pasar a taxativas posiciones fundamentadas.
Es oportuno citar que lo que distingue al
deseo del analista, no se trata de ser amigo, pareja, salir al cine, etc. sino que
se trata de querer analizar, esta diferencia nada menor ubica a la psicología
del lado de regular las conductas con su correlato moral y al psicoanálisis en
otro lugar, correlato del analista y su posición ética respecto de que quien
consulta pueda hablar más allá de sus buenas intenciones, es decir sin sesgos
moralizantes o religiosos pero sí de la sorpresa que lo divide. Eso se llama
repetición, no es un hábito, esa diferencia la propone quien consulta como
resultado de su queja en el encuentro inaugural con la presencia del analista,
para una respuesta analítica.
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